Es poco común que una cuarta entrega termine siendo la mejor película de una franquicia, pero ese es exactamente el caso esta saga. Esta nueva entrega, que continúa directamente los acontecimientos de 28 Years Later, apuesta por una energía desbordada y un caos casi death-metal gracias al duelo actoral entre Ralph Fiennes y Jack O’Connell. El resultado es una película cargada de intensidad y drama, una inyección de vitalidad para la saga de terror y suspenso postapocalíptico creada por Danny Boyle y Alex Garland en 2003, ahora bajo la dirección de Nia DaCosta.

El ya comentado baile de Fiennes al ritmo de “The Number of the Beast” de Iron Maiden es, sin exagerar, uno de los momentos más memorables de su carrera. Es una escena tan desbordada y magnética que redefine por completo su presencia en pantalla, ni su Voldemort resultó tan perturbador. El choque generacional entre Fiennes y O’Connell es electrizante y se convierte en el corazón emocional de la película.

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Ahí radica una de las decisiones más inteligentes de Bone Temple: los zombis pasan a un segundo plano. La amenaza infecciosa, tradicionalmente el eje de la saga, se reduce al mínimo, y el verdadero conflicto surge entre seres humanos conscientes, organizados y moralmente deformados. Incluso el único zombi relevante resulta fascinante porque está en plena transformación hacia algo distinto, casi simbólico.

La historia retoma a Spike (Alfie Williams), un niño que en la película anterior abandonó la seguridad de Holy Island para adentrarse en la Inglaterra continental devastada. Su viaje estaba motivado por los rumores sobre un médico solitario, interpretado por Fiennes, una figura que intenta preservar la decencia y la memoria humana mediante un inquietante monumento: el Templo de los Huesos. Aquella entrega cerraba con un giro impactante que amplió el universo narrativo de la franquicia y que aquí cobra pleno sentido.

Ese giro revela la existencia de un grupo de no infectados, más aterradora que cualquier zombi, que vaga sin temor por el territorio. Inspirados visualmente en La naranja mecánica y liderados por el perturbador Sir Lord Jimmy Crystal (O’Connell), estos personajes adoptan una estética tan grotesca como provocadora, con claras referencias a Jimmy Savile. Son crueles, impredecibles y, narrativamente, mucho más interesantes que la amenaza tradicional del género.

Cuando los Jimmys se cruzan con Spike, el relato adquiere una dimensión profundamente incómoda. El niño es testigo del sadismo cotidiano de este grupo, mientras Jimmy Crystal, amparado en una retorcida teología personal, consolida su poder sobre seguidores dóciles y aterrados. O’Connell construye un villano carismático y repulsivo a partes iguales, acompañado por una Erin Kellyman que aporta matices al interpretar a una seguidora menos sumisa.

En paralelo, el Dr. Ian Kelson de Fiennes se revela como una figura aún más compleja. Su piel teñida de naranja, producto de un autotratamiento con yodo, y su conducta excéntrica provocan interpretaciones erróneas por parte de los Jimmys. Lejos de ser un monstruo, Kelson busca comprender y hasta reconciliarse con Sansón, un zombi alfa de proporciones colosales interpretado por Chi Lewis-Parry. Su aproximación, casi cristiana en su compasión y no violencia, revela capas inesperadas tanto en el personaje como en la criatura.

28 Years Later: The Bone Temple es una película directa, feroz y visceral, abiertamente macabra que encuentra su mayor fortaleza en los conflictos humanos más que en el horror convencional. Aquí, los personajes no infectados son los verdaderos monstruos… se las recomiendo cinéfilos y mȧs si son fans de la saga.

Veredicto: Cuatro tocinos y medio sorprendentes, con la orillita feroz, violenta y transgresiva, pero un interior menos caótico, pacifista y con mucha humanidad.

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Written By

Marisol Mancilla

Diseñadora y editora | Amante del cine | Leo cómics y veo anime.